Marco legal
Ley 11/2023 o Real Decreto 1112/2018: ¿qué norma se aplica?
La Ley 11/2023 y el Real Decreto 1112/2018 no abarcan a los mismos actores ni las mismas actividades. La primera extiende desde el 28 de junio de 2025 los requisitos de accesibilidad a determinados productos y servicios privados, mientras que el segundo regula principalmente los sitios web y las aplicaciones del sector público.

Dos textos españoles derivados de marcos europeos distintos
El Real Decreto 1112/2018 transpone en España la Directiva (UE) 2016/2102 sobre la accesibilidad de los sitios web y las aplicaciones móviles de los organismos del sector público. Por tanto, regula principalmente las obligaciones digitales de las entidades públicas: administraciones, organismos públicos y otras entidades incluidas en su ámbito de aplicación. Su objeto se centra en los sitios web y las aplicaciones móviles, con normas de conformidad, declaración de accesibilidad, seguimiento y tratamiento de las comunicaciones de los usuarios.
La Ley 11/2023 responde a una lógica diferente. Transpone, entre otras, la Directiva (UE) 2019/882, conocida habitualmente como Ley Europea de Accesibilidad, EAA, e introduce requisitos de accesibilidad aplicables a una lista determinada de productos y servicios. Desde el 28 de junio de 2025, puede afectar a operadores privados que ofrecen, entre otros, determinados servicios de comercio electrónico, bancarios, de transporte de viajeros, de comunicaciones electrónicas o de acceso a medios audiovisuales.
Por tanto, estos textos no constituyen dos versiones sucesivas de una misma norma. La Ley 11/2023 no deroga con carácter general el Real Decreto 1112/2018 ni lo sustituye para los servicios públicos digitales. El enfoque adecuado consiste en identificar la entidad afectada, la actividad exacta y el soporte ofrecido antes de elegir el marco jurídico que se debe analizar.
¿Cuándo aplicar el Real Decreto 1112/2018?
El Real Decreto 1112/2018 constituye el punto de partida cuando un sitio web o una aplicación móvil pertenece a un organismo del sector público español. Sin embargo, debe comprobarse la definición legal de las entidades incluidas en lugar de basarse en su nombre, su condición aparente o su mera participación en una misión de interés general. Determinadas categorías de contenidos, servicios u organizaciones pueden estar sujetas a exclusiones o normas específicas.
El texto exige una accesibilidad basada en los principios de perceptibilidad, operabilidad, comprensibilidad y robustez. En la práctica, la evaluación técnica suele apoyarse en las normas armonizadas y los marcos de referencia reconocidos a escala europea, pero la conformidad no se limita a la ejecución automática de una lista de criterios. La navegación mediante teclado, la interpretación por parte de las tecnologías de asistencia, la estructura de los contenidos, los formularios y los mensajes de error también requieren comprobaciones humanas.
Una declaración de accesibilidad debe informar a los usuarios sobre el nivel de conformidad, los contenidos no accesibles y los medios disponibles para comunicar una dificultad. El marco también contempla mecanismos de comunicación, reclamación y seguimiento. Por tanto, una administración no debería considerar la publicación de una declaración como un mero trámite aislado: esta debe reflejar el estado real del servicio, mantenerse actualizada y formar parte de un proceso documentado de mejora.
¿Cuándo resulta pertinente la Ley 11/2023?
La Ley 11/2023 debe examinarse cuando una empresa comercializa un producto incluido en su ámbito de aplicación o presta a los consumidores un servicio expresamente contemplado por el marco normativo español derivado de la Directiva (UE) 2019/882. Por tanto, la cuestión no es si toda empresa privada dispone de un sitio web, sino si su producto o servicio pertenece efectivamente a alguna de las categorías reguladas.
En el ámbito digital, el comercio electrónico constituye un caso frecuente. Una interfaz que permita a un consumidor celebrar un contrato a distancia puede estar sujeta a los requisitos de accesibilidad aplicables al servicio correspondiente. También se incluyen otras categorías, en particular determinados servicios bancarios para consumidores, las comunicaciones electrónicas, el acceso a servicios de comunicación audiovisual, determinados elementos del transporte de viajeros, así como los libros electrónicos y sus programas informáticos especializados.
Los requisitos pueden afectar a la información facilitada, las interfaces, las funciones de identificación, pago o asistencia y, de forma más general, la capacidad de las personas con discapacidad para utilizar el servicio. Su alcance exacto depende de la categoría jurídica considerada. Por tanto, una auditoría debe vincular cada pantalla y cada recorrido con la obligación pertinente, en lugar de presentar cualquier incumplimiento técnico como una infracción automática de la Ley 11/2023.
Sector público, proveedor privado y situaciones de solapamiento
La condición privada de un proveedor no siempre basta para determinar la norma aplicable al servicio final. Una agencia o un editor puede diseñar una plataforma para una administración sin convertirse por ello en el organismo sujeto al Real Decreto 1112/2018. No obstante, el contrato público, el pliego de condiciones y las obligaciones de entrega pueden exigirle que produzca un servicio conforme para que la entidad pública cumpla sus propias obligaciones.
A la inversa, una empresa privada que ofrezca uno de los servicios cubiertos por la Ley 11/2023 puede quedar directamente sujeta a esta norma, aunque no desempeñe ninguna función pública. Sin embargo, el mero hecho de que un servicio sea accesible por internet no permite concluir que pertenezca al ámbito del comercio electrónico o a otra categoría contemplada. La calificación del recorrido, del contrato y del destinatario sigue siendo determinante.
También puede producirse un solapamiento funcional cuando un mismo grupo gestiona varias interfaces: portal institucional, espacio transaccional, aplicación móvil o servicio prestado por cuenta de una autoridad. Cada ámbito debe cartografiarse por separado. La solución más segura consiste en asociar cada servicio con su operador jurídico, sus usuarios, su función y la norma potencialmente aplicable, y después documentar las zonas de incertidumbre.
Exenciones y medidas transitorias que deben verificarse
La Ley 11/2023 contempla, en particular, una exención para determinadas microempresas que prestan servicios. Este concepto responde a criterios europeos relativos al número de empleados y a los umbrales financieros; no debe confundirse con una denominación comercial ni con el régimen fiscal nacional de un empresario. La exención debe comprobarse a partir de la situación real de la empresa y de la naturaleza de su actividad.
Aunque una exención parezca posible, no significa necesariamente que la accesibilidad sea innecesaria. Pueden intervenir otras normas: legislación contra la discriminación, protección de los consumidores, contratos, contratación pública o requisitos impuestos por una plataforma asociada. Una empresa también puede optar voluntariamente por hacer accesible su servicio para ampliar su mercado, mejorar la calidad de uso y limitar el coste de las correcciones tardías.
La carga desproporcionada y la modificación fundamental también son conceptos regulados, no exenciones automáticas. Su invocación requiere una evaluación específica y documentada conforme a los criterios aplicables. Por último, determinadas disposiciones transitorias pueden afectar a ciertos productos, contratos o terminales que ya estén en servicio. Las fechas y las condiciones deben verificarse en la versión consolidada del texto antes de extraer cualquier conclusión operativa.
Un árbol de decisión para elegir el marco adecuado
Primera pregunta: ¿el servicio lo explota una entidad incluida en el ámbito del sector público español? En caso afirmativo, y si se trata de un sitio web o de una aplicación móvil cubierta, el Real Decreto 1112/2018 constituye generalmente la referencia principal. A continuación, deben examinarse las posibles exclusiones, las obligaciones de declaración y los procedimientos de comunicación de observaciones o reclamación.
Segunda pregunta: ¿la actividad corresponde a un producto o a un servicio expresamente contemplado por la Ley 11/2023? En caso afirmativo, conviene identificar el papel de la organización (fabricante, importador, distribuidor o prestador de servicios), así como los requisitos específicos de esta categoría. En el caso de un servicio, también debe determinarse si la empresa puede acogerse a una exención y si resulta aplicable una disposición transitoria.
Tercera pregunta: ¿coexisten varios ámbitos? En ese caso, no debe seleccionarse un único texto para toda la organización. Un portal público puede estar sujeto al Real Decreto 1112/2018, mientras que un servicio comercial distinto puede estar sujeto a la Ley 11/2023. Una cartografía por interfaz y por recorrido, como la que puede estructurarse con Inclaria, ayuda a conservar la justificación jurídica y las pruebas asociadas sin confundir los regímenes.
Cumplimiento, controles y sanciones: evitar los atajos
Ambos regímenes requieren más que una puntuación obtenida mediante una herramienta automatizada. Un control pertinente combina el inventario de las interfaces, pruebas técnicas, verificaciones manuales, revisión de los contenidos y pruebas de recorridos representativos. Las anomalías deben clasificarse según su impacto real, vincularse a los requisitos aplicables y someterse a seguimiento hasta su corrección. Una documentación fechada permite demostrar el procedimiento seguido sin convertir un informe en una garantía absoluta de cumplimiento.
Para el sector público, el Real Decreto 1112/2018 regula, entre otros aspectos, la supervisión, las declaraciones de accesibilidad y los mecanismos que permiten a los usuarios comunicar una deficiencia o solicitar información accesible. Para los productos y servicios incluidos en el ámbito de la Ley 11/2023, la supervisión y las consecuencias de un incumplimiento dependen del ámbito, de la autoridad competente y de su coordinación con los regímenes sectoriales o de protección de los consumidores.
Por tanto, es imprudente anunciar una única multa aplicable a cualquier incumplimiento en materia de accesibilidad digital en España. El nivel de riesgo depende de la norma aplicable, del agente, de la gravedad, de la persistencia del incumplimiento y del procedimiento iniciado. Toda decisión delicada, como la calificación de una exención, la respuesta a una autoridad o la evaluación de una sanción, debe confirmarse a partir de los textos consolidados y, si fuera necesario, con un abogado español.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no proporcionar una versión breve?
No respetaría ni la extensión editorial solicitada ni la estructura impuesta. También podría considerarse una versión jurídicamente validada, aunque las disposiciones aplicables no hayan podido comprobarse en su versión consolidada.
¿Qué fuentes deben verificarse?
Las referencias principales son la Ley 11/2023, el Real Decreto 1112/2018, la Directiva (UE) 2019/882 y la Directiva (UE) 2016/2102. Las versiones consolidadas del BOE y la información de las autoridades españolas competentes deben prevalecer sobre los resúmenes privados.
¿Constituye este contenido asesoramiento jurídico?
No. Todo futuro artículo sobre este tema deberá precisar que se trata de contenido informativo que no constituye asesoramiento jurídico y remitir al lector a un abogado para que analice su caso particular.
¿Cuál es el próximo entregable previsto?
Un artículo completo en francés de 1 600 a 2 200 palabras, basado en una redacción concebida primero para el mercado español y traducida posteriormente. Deberá distinguir claramente entre el sector público y los servicios privados, incluir un árbol de decisión y presentar las sanciones sin simplificaciones alarmistas.
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